
Deje de esperar a que sus hornos funcionen: ¿Por qué los láseres infrarrojos son mejores que los hornos de aire caliente para los biosensores?
Si todavía utiliza hornos de aire caliente para secar sus biosensores, probablemente esté perdiendo demasiado tiempo simplemente esperando.
Imagínese cómo funciona esto: se calienta el aire, y luego ese aire calienta al sustrato. Es un proceso lento. Parece que uno está perdiendo el tiempo mientras el horno intenta alcanzar la temperatura necesaria.
Aquí hay una mejor forma de hacerlo.
Las lámparas infrarrojas eliminan la necesidad de calentar el aire. En lugar de eso, envían energía directamente al sustrato del biosensor. Es un proceso casi instantáneo; no hay tiempo de espera ni retrasos.
En el mundo de la fabricación de semiconductores, esto representa una gran ventaja. Se puede reducir el tiempo de procesamiento en un 40% hasta un 70%. Dado que solo se calienta la pieza y no toda la habitación, no es necesario utilizar hornos enormes que ocupen todo el espacio disponible. Se obtiene el mismo resultado con un espacio mucho menor.
Pero no se trata de algo que pueda dejarse sin atención.
El calor infrarrojo es direccional. Si su sensor tiene una forma extraña o una geometría compleja, habrá zonas frías. No basta con colocar una lámpara allí; hay que planificar cuidadosamente dónde se colocarán las lámparas y cómo se orientarán los reflectores para asegurar que el calor llegue uniformemente a cada parte del sustrato.
Por lo general, utilizamos láseres infrarrojos de onda corta o media. Estos penetran más profundamente en las capas de polímero o químicos, lo que permite lograr una alta densidad de calor.
Un consejo: como esa energía está muy concentrada, los sistemas de enfriamiento deben estar a la altura de las circunstancias. Si no se mantiene frío el recipiente donde se encuentra la lámpara, se podrían dañar los componentes electrónicos.
Por qué este es el método adecuado
Para aquellos que realizan trabajos en gran escala, los láseres infrarrojos son la opción ideal. Reemplazan a esos enormes hornos de convección y permiten un mayor control sobre el perfil térmico.
Además, hay una gran ventaja adicional: cuanto menos tiempo pase el sensor en altas temperaturas, menor será la probabilidad de dañar esos sensibles reactivos biológicos. Se obtiene el resultado deseado sin dañar los sensores.